El Rally Dakar 2011 lleva ya en marcha tres días y muchos siguen con la nostalgia de los días en los que la gente se batía el cobre en los desiertos de África. Hoy la seguridad obliga elegir otros terrenos, actualmente es Argentina y Chile, suena Brasil para el futuro y la vuelta a África hoy día parece depender de la voluntad de Muammar al-Gaddafi, el gobernante libio. Este no está dispuesto a que el Rally pase por su país (sin parné mediante), necesario para una prueba que también abarque a Túnez y Egipto, escenarios actuales del calendario mundial de raids.
Todo esto teniendo en cuenta que el rally todavía se llama Dakar, una marca para absorber patrocinadores y que supone pingües beneficios para el organizador Amaury Sports, aunque la prueba ya no acabe en el Lago Rosa de la capital senegalesa. En 2011 todavía un grupo de corredores se une para correr el Dakar real, lejos de las cámaras. Es el Budapest-Bamako, con el mismo riesgo de secuestro al pasar por Mauritania y con una recompensa mucho menor, al menos en términos económicos.
Autoridades locales de Argentina han denunciado la forma de proceder de la organización, sin respetar ecosistemas protegidos como el Camino Real en Córdoba, aunque la enorme publicidad que supone para Argentina y Chile tener un foco permanente de noticias a nivel mundial durante 15 días acalla cualquier problema en ese sentido. Cada vez el Dakar está más profesionalizado. Gestos como el que tuvo Luca Manca el año pasado con Marc Coma cediéndole su rueda o gestas como las de Ignacio Chivite que sigue en carrera con una Bultaco 370 de 2 tiempos cada vez son menos frecuentes en una carrera muy politizada.
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El año pasado Coma sufrió una sanción de 6 horas supuestamente por cambiar una rueda en un lugar que no estaba permitido. La victoria dejaba en bandeja la carrera a Despres, pero la organización no se podía permitir un abandono del español, un bajón de interés con tantos días de competición por delante. Son cuestiones todas estas las que hablan de una prueba con menos encanto, con más recursos sí, pero demasiado marcada por intereses económicos y un profesionalismo que ha arruinado en parte su magia. Y ojo que tiene que ser una gozada estar allí compartiendo vivencias con toda la caravana que acompaña la carrera.
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