Diario motero: En moto, un despiste te puede salir caro
Bubu, cosita, Kykoche y yo por fin decidimos darnos una vuelta con las motos por las carreteras del sur de Madrid. Quedamos en el punto de encuentro de siempre, la gasolinera Repsol de la A3 y decidimos hacer una ruta entre Perales de Tajuña, Morata de Tajuña, Villarejo de Salvanés, Fuentidueña del Tajo, Carabaña,… y otros pueblos en los alrededores de nuestro destino, Chinchón.
Después de hacernos varias curvas y perdernos un poco, llegamos a una carretera muy estrecha y con muy mala pinta. Una carretera que parecía más un campo de patatas que otra cosa. Muy mal asfaltada y con mucha arena, barro e incluso tramos mojados. “Mal ojo se le pone a la burra“, dije yo para mí. Supongo que Bubu, que era el que iba delante pensó lo mismo, porque nos vimos todos reduciendo la velocidad y tumbando lo mínimo para no llevarnos un susto.
Desembocamos en una carretera de curvas muy chula, pero salimos de Málaga para meternos en Malagón, cuando vimos una señal de “Peligro: Hielo en carretera durante 2 kilómetros“. Volvimos a reducir la velocidad. En algunos pueblos se llama acojone, en otros precaución. Nosotros optamos por la segunda opción. Una carretera desconocida para todos, estrecha, sombreada y con placas de hielo a cada lado de las curvas. Decidimos ir a paso de tortuga para no llevarnos un susto.
De repente, miro por el retrovisor izquierdo y no veo a Kykoche detrás mía. Al principio pensé que se había quedado rezagado. Ya nos advirtió al principio de la ruta que iba a ir en plan “escoba”, tranquilito y a su ritmo. Disminuí de nuevo la velocidad y después de dos curvas pasé de mosquearme a preocuparme. Pitido a Bubu para que parase y nos volvemos para ver qué le ha pasado a Kyk.
Nos lo encontramos de pie al lado de su moto, que la tenía arrastrada, con un intermitente colgando, la chupa con señales de haberse rebozado un poco,… La primera pregunta fue obvia y la formuló cosita, “Tú, ¿qué tal estás?“. Nos comentó que estaba bien, con el hombro un poco jodido. Lo que menos importa es el hierro, que por más o por menos se repara.
Estuvimos un rato en la recta y Kykoche nos contó lo que le había pasado: “Iba pensando en mis movidas y de repente, cuando vuelvo a la realidad, estaba fuera de la carretera“. Un simple despiste, de décimas de segundo y lo que podría haber pasado… ¡Que todo sea eso Kyk, pero jodío, en moto ni un despiste más! De todo se aprende y caídas tontas hemos tenido todos, ¿o no?
Después de comprobar que estaba bien y que a la pobre Kawa ER-5 le tocaría pasarse un tiempo en el taller, nos fuimos con mucha cautela hacia Chinchón, que estábamos llegando. Disfrutamos del resto del día y luego nos fuimos por las curvas que llevan desde Chinchón al desvío de la A3 dirección Madrid. Despedida y cierre de una jornada con sabor agridulce.
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